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jueves, 24 de marzo de 2011

De cómo viajar deviene en un infierno insostenible



Ante tiempos de zozobra (y zoofilia) como los que estamos viviendo, es normal que el ánimo de la gente decaiga. Un gran consuelo (Berlanga, Luis García) es saber que España actúa en Libia amparado por una resolución de las Naciones Unidas. Es grato comprobar cómo ELLO afecta al tipo de retención de nuestra nómina, al número de tías que nos follamos al año y al aumento nato (OTAN) de nuestra esperanza de vida. El obedecer a normas internacionales completamente difusas no solo nos eleva en el plano moral-buenista-soplapollista de alquiler sino que tiene efectos prácticos notables, sobresalientes aprobados raspados. Pero no me quiero desviar, que es gerundio.

Pero hay algo que no me gusta:

Ocurre en ocasiones (ni veo muertos ni fumo) que estás tranquilamente viajando en tren, en el asiento situado más cerca de la ventanilla y en una estación intermedia, aparece un tipo abyecto que sube a tu vagón. En las estaciones intermedias suelen acceder a los convoyes (de la victoria) excrementos sociales, habitantes de pueblos con tasas de paro superiores al 30%, con amplias dificultades en pronunciar el castellano estándar, con un gran dominio de las subvenciones públicas y con severos problemas a la hora de distinguir Eslovenia de Eslovaquia. En este caso el desecho en cuestión aparece con su puto billete en la boca y se dirige a ti (que estás observando sosegadamente el paisaje y pensando en el diferencial con el bono alemán) y te espeta con malaje: ‘oiga, mi plaza es la de ventanilla’. Le miras con furia, pero accedes a la petición pensando: ‘a este come mierda le ha tocado la ventanilla, dejémosle que se siente’. Acto seguido comprobamos que no contempla el paisaje sino que duerme. Duerme, pero no se apoya en la ventanilla. No se apoya en la ventanilla ni duerme pero emite sonidos. Sonidos repulsivos. Te planteas mentalmente reventarle la cabeza contra el cristal y que duerma para siempre. Pero no hay cojones. No eres Dexter. Te armas de paciencia. Pero al rato (figaredo) compruebas que tras media hora de viaje se ha levantado dos veces. Una para orinar y otra para coger de la maleta un asqueroso bocadillo de jamón aceitoso que te provoca arcadas. Ese bocadillo, de durar un poco más la legislatura, será ilegalizado por hipercalórico. Le miras de soslayo con desprecio. Pero él no se inmuta. Por una vez en su deprimente vida ha sido capaz de imponer su voluntad sobre alguien gracias a un miserable título de transporte. Ese alguien eres tú y te sumes en la angustia y la aflicción.

El tren para en la siguiente estación y ese jodido muerto de hambre gira la cabeza nerviosamente para comprobar que nadie le roba la maleta. ¿¡Quién coño te va a robar tu puta maleta, carroña pueblerina!? ¡¡Eres tú el que lleva robando a las clases medias desde que naciste hijo de puta con el paro y el per, a pesar de que tu familia es la jodida propietaria del 95% del término municipal donde malvives!! Aún así no quieres hacer sangre y tratas de seguir a tu bola. ‘Que el desgraciado de al lado no te amargue el viaje’, piensas. Pero un cuarto de hora antes de llegar al destino final, cuando crees que lo peor ha pasado le tienes que dejar pasar. Lo ves de pie cogiendo la maleta y posicionándose junto a la puerta para salir el primero.

Where the fuck you going, motherfucker?


7 comentarios:

  1. Un relato muy demagógico, no tienes ni idea de la gente, deberías vivir tu solo en el mundo, ciudadano.

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  2. el soplapollas anonimo es un demagogo go con p d rata. he dicho

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Con esta entrada habéis tocado techo chavules. Os queda recorrido, pero me temo que será cuesta abajo. Mis consejos si queréis libraros de la debacle inpiracional que os sobreviene son estos:

    - Buscad cualquier freno ético, tabú social o lapicero rosa que albergue vuestra alma y quemadlo con ansia.

    - Y tercero: Buscad cualquier freno ético, tabú social o lapicero rosa que albergue vuestra alma y quemadlo con ansia

    Un saludo/abrazo, y no todo lo contrario

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  5. gran sarta de lugares comunes sobre los pueblos. La referencia al PER es tremenda ¿Era de cuando te sentabas con tu papi a ver a Carrascal con tu pijamita cruzado?

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  6. La gente no entiende la ironía (¿este texto lo tenía?), cosas parecidas escribe el Reverte y la gente lo adora.
    - Os tachan de demagogos, pero para eso hay que saber que es la demagogia:

    demagogia.

    (Del gr. δημαγωγία).

    1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.

    2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

    Ya me diréis a que partido político pertenecéis para que os acusen de demagogos.

    - No se que es mejor, si quemar vuestro freno ético o moral para tocar techo, o caer en la corrección del hombre-masa. Hemos llegado a un nivel de homogeneidad tan brutal, que ahora parece ser, que para criticar hay que hacerlo de una manera establecida y carente de hirientes comentarios, el problema que se suscita es...¿que comentarios críticos no hieren?.

    - Criticas el uso del PER y te tachan de facha, criticas el liberalismo y te tachan de rojo retrógrado, hagas lo que hagas y digas lo que digas siempre molesta, todo es dañino, todo roza lo criminal, deberían ponerte en tu sitio, eres un saboteador, un terrorista de la palabra y de la conciencia (1984, Orwell - Un mundo perfecto, Huxley).

    http://jcblancodelestal.wordpress.com/

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