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domingo, 9 de septiembre de 2012

Miedo y Asco en Matadero de Madrid





La triada fascista compuesta por Ana Botella, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, en lugar de gastar el dinero público en lo que se espera de ellos como buenos fascistas y derechistas rancios:  construyendo campos de golf, iglesias, exterminado el gueto gay de Chueca o subvencionando a los Kikos... hacen lo contrario. Por ejemplo, gastarse millonadas en CULTURA. Por supuesto no es su dinero. Es el de todos. O el de nadie.

Me estoy refiriendo a los centros culturales Conde Duque o Matadero de Madrid, autodefinido, éste último,  como centro de creación contemporánea
Sin ir más lejos, el viernes pasado, sin nada mejor que hacer (lo cual, es ya de por si jodido y dice poco del autor de este post de mierda) me acerqué a tal Centro de Destrucción Contemporánea para deleitarme con las actuaciones de ‘artistas’ amateurs…

En un ambiente agradable, al aire libre, improvisaron una suerte de escenario ligeramente cubierto por unos toldos acoplados a una  máquina segadora… Nada más llegar, veo a un tipo sentado aporreando una guitarra con pelo a lo bob dylan, y voz infernal como éste último. Portaba gafas de sol y sus comentarios ente canciones daban vergogna (vergüenza en italiano) ajena. Del tipo: ‘mi madre me decía que no sabía tocar la guitarra y aquí estoy’ o ‘compuse esta canción mientras me tomaba un cola-cao con mi perro’. Lo atroz es que éramos unos pocos los que sentíamos esa vergüenza ajena. Para el resto de los asistentes se trataba de una auténtica demostración de jóvenes creadores. Cultura viva. Creación. Genialidad.

Siguió una actuación de una tipa con un ukelele. Afortunadamente no hacía comentarios inter-canciones. Un par de grupos más cuya voz provocarían arcadas en cualquier profesor de canto a tiempo parcial. La ‘performance’ estelar vino de la mano del rapero ‘Raúl querido’ El rap es una sinfonía de Beethoven en comparación con lo que practicaba ese energúmeno. Su filón consistía en letras ‘actuales y comprometidas’. Rimas asonantes relativas a la crisis, a Ana Botella y a Esperanza Aguirre, el BCE  mezcladas con una coreografía a lo Stephen Hawking …  Su actuación tuvo un efecto interesante. El público que hasta el momento languidecía y fingía pasárselo bien  se despertó y comenzó a jalear y a aplaudir. Fueron unos momentos magníficos. Tipos con HTC’s, Samsungs,  gafas  Ray- ban y paquetes de Marlboro light  aplaudiendo a rabiar  y entusiasmados con lo que oían.

El público, heterogéneo. Teniendo en cuenta que el bodrio que estábamos presenciando era ‘gratis total’ (me refiero a que no había copago, porque toda esa inmundicia se paga vía impuestos, claro quién coño va a patrocinar semejante insulto al buen gusto), no faltaban señoras del barrio o ‘sin techos’. El grueso, no obstante,  estaba formado por esa tribu urbana autodefinida (como todas) como ‘modernos’. El 25% era gay. Y un 30% eran ambiguos. Llamo ambiguos a estos tipos que visten como gays, gesticulan como gays, tienen amigos gays, andan por zonas gays pero, por lo visto, no son gays. Son simplemente modernos, a la par que subnormales, claro.  Ese tipo de personaje predominaba sobre el resto.  También es  destacable la figura del pivón, que concienzudamente se viste de tal manera que llega a dar asco. Es decir, chicas guapas o con buen tipo, que movidas por esa estupidez del gafapastismo-modernismo-subnormalismo, se plantan, unas cutre-sandalias, una camisetita, se hacen amigos de estos ambiguos, se alquilan un pisito en tribunal y que guay soy.

¿es ésta la famosa generación perdida?
que se jodan